Su
nombre era Miku. Cuando era apenas una niña, de menos de 6 años, leía
muchos cuentos sobre chicas que entraban a un baile de la realeza,
siendo inicialmente una cualquiera, y terminaban saliendo de ahí con un
príncipe (completo extraño) que las cargaba y montaba en su caballo
hasta llevarla a su castillo y vivir felices para siempre.
Ahora, con los 19 años cumplidos; era la adolescente más despreocupada e ingenua que podría haber en Japón. No tenía padre, su madre falleció cuando ella tenía 15 años y desde hace un año decidió dejar de obedecer a su tía, que había estado cuidando de ella desde ese entonces. Ella estudiaba, pero no trabajaba: a pesar de no obedecer a su tía, vivía bajo su mismo techo y comía lo que le preparaba. A cada rato se iba de fiesta con sus amigas y salía con un muchacho diferente cada semana. Su rutina fue empeorando hasta que comenzó a verse como un objeto sexual entre los hombres que la conocían o veían pasar. Lo raro es que... era virgen. Desobligada, sin preocupaciones y fiestera, pero era virgen.
Una noche, sus amigas la invitaron a una gran fiesta donde planeaban coquetear con algunos chicos. Claro que Miku no se la perdería. Decidió comprarse un vestido que le llagara por encima de la rodilla, color rosa, con una sola manga, un notorio escote, algunos olanes, zapatos de tacón del color de su cabello y se puso un pequeño tocado con una rosa haciéndose una cebolla medio suelta con su largo cabello.
Se ha ido muy campante sin decirle a su tía a donde iba. Ha dejado boquiabiertas a sus amigas con su increíble y atrevida apariencia. Se han ido en limusina, en la cual había bebida, y bien que tomaron. Han llegado a un antro muy prestigiado en la ciudad, que ha preparado una fiesta especial para los estudiantes de la escuela de Miku (siendo el dueño un muy buen amigo del director del plantel y padre de un estudiante muy socializable).
En cuanto pusieron un pie frente al lugar, Miku sintió una sensación de mareo. Se le pasó casi de inmediato. Al entrar, quedó en shock. Fuera de verse como un antro, el interior del lugar lucía como un castillo, repleto de adolescentes vestidos más elegantes que de costumbre (pero sin exagerar). Se sintió rara al vestir de manera tan vulgar, pero recapacitó y se dijo a sí misma "Me vale". Sus amigas se apartaron de ella en cuanto localizaron un buen objetivo para coquetear y empezar la diversión de la noche. "Pareciera que ignoran como luce todo al rededor" pensó Miku.
Ha caminado sin rumbo por el enorme salón de baile, donde mucha gente charlaba con copas en mano y comiendo bocadillos refinados. Se sentía tan fuera de lugar. Fue recordando los libros de cuentos que leía de pequeña y comenzó a ver todo con más optimismo. De pronto su vista comenzó a verse algo borrosa y a oír algunas voces. Distorsionó a placer las voces que comenzaban a enoquecerla y terminó oyendo una voz que le susurró muy rápido:
Esta noche te adentrarás en la cruda realidad de los cuentos de "princesas"
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