Sin
comprender muy bien porque le dio tremendo dolor de cabeza luego de
nublarse su vista y haber oído ese susurro, Miku siguió caminando por el
frío y oscuro salón a ver si encontraba a alguien con quien
entretenerse. Todos parecían ser adolescentes comunes encerrados tras
esos trajes tan elegantes, moviéndose a cada segundo con sutileza,
hablando con... unos que otros gestos modestos. No parecía que alguien
fuese a congeniar con ella. De pronto la gente comenzó a dispersarse de
la pista; pareciera que el baile estaba a punto de comenzar. Entre tanta
gente, tantos chicos, algo llamó su atención... de verdad. Entre tantas
sombras, vio un pequeño rayo de luz, casi literal. Aquel chico que
observó muy a lo lejos, caminaba sin rumbo igual que ella. Pensó: "Si en
verdad vale la pena, para que haya notado su presencia en medio de una
habitación repleta de gente, en un rato me lo toparé. No lo buscaré". Y
así sucedió. Siguió caminando, dando vueltas sin rumbo, hasta que se
topó con aquel misterioso y llamativo chico.
Era un chico que le igualaba la estatura. De cabellos rubios bien peinados. Ojos azules. Vestía un esmoquin blanco con corbata azul. Llevaba zapatos bien boleados. Lucía como todo un príncipe. Miku estaba tan sorprendida por semejante galán que se volvió a marear un poco. Han chocado accidentalmente, y el chico le ha ofrecido una cortés disculpa para seguirle con una presentación encantadora.
—Oh, lo siento mucho. Debo tener más cuidado. —Ah... está bien. Fue un accidente. —Ya que intercambiamos tantas palabras, lo correcto sería presentarme. Mi nombre es *****. —¿Perdón?— En el momento en que se presentó, Miku no pudo escuchar que pronunciara una sola palabra. ¿Cómo se llamaba? —Me llamo *****, ¿cuál es tu nombre?— Miku no quería verse tan grosera o que la creyera sorda, o loca. Decidió aparentar saber el nombre de aquel chico. —Bueno... Mi nombre es Miku. —Luces muy hermosa.— La hizo sonrojar un poco.
"Es tan raro..." pensaba Miku. "Pareciera que nos conocemos de antes... Y a la vez parece que lo conozco por primera vez."
Después de quedársele mirando al chico, pensando en eso, Miku fue sacada a bailar por *****. En su mente, Miku sostenía que lucía como una escena de aquellos hermosos libros de cuentos. Siguieron bailando como si la noche no tuviese fin. De rato, salieron del lugar para encontrarse con un jardín lleno preciosos arbustos de rosas y verdes esculturas perfectamente podadas. Bajo la radiante luz de luna, junto a unos hermosos rosales, de pie frente a un lago, ocurrió un momento mágico. ***** le ofreció una rosa a Miku, y prácticamente le leyó el pensamiento y lo recitó en voz alta.
—Ni siquiera conocía tu nombre... y me enamoré de ti.
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