La distancia entre ambos era demasiado tomando en cuenta que estaban
sentados en la misma mesa. Al parecer Luka había tenido un mal día, o
mejor dicho… una mala noche.
Gakupo la miraba de reojo repetidas veces, si bien hace tiempo que sabía
lo que le ocurría nunca se había animado a decirle ¿por qué? Por
demasiadas cosas que le podrían perjudicar.
Se suponía que él dormía en otro cuarto, esa había sido una condición de
ella para salir a ese pequeño viaje juntos, no obstante, Gakupo con
pasos sigilosos como de ninja se acercaba a Luka para mirarla dormir.
Y escucharla también… un hallazgo sin duda enorme.
Una noche, mientras miraba la cara completamente perdida de Luka, dejó
escapar al aire una oración que se suponía debía haberse quedado sólo en
su mente. “Qué linda está” había pronunciado con un pequeño rubor en
sus mejillas, lo que no esperó, es que Luka dijera un “gracias” apenas
había finalizado la oración.
Mas ella seguía dormida.
¿Qué tan verídico era lo que decía? Inquirió para sí el hombre de larga cabellera. Debería hacerle una prueba para ver que tanto podía responder Luka en ese estado, y la autenticidad de sus palabras para descartar lo anterior de una simple coincidencia.
— ¿Cuál es tu alimento favorito? —preguntó mientras se encontraba de
rodillas con la cara pegada a la cama por si llegaba a despertar.
—Amo el atún—respondió al instante mientras dejaba escapar un pequeño hilo de baba directo a su almohada.
Sin duda, había encontrado una mina de oro… sacarle una “charla” a Luka solía ser difícil para él.
— ¿Puedo darte un beso? —se atrevió a decir. Oportunidades así, pocas hay en la vida después de todo.
—Está bien.
Luka no se movía, parecía sólo haber respondido pero sin ningún rastro
de movimiento. Con el corazón a punto de salirse por su garganta, Gakupo
se acercó despacio hasta que ambos labios quedaron unidos. Luka movió
su boca de un modo sutil pero que entusiasmó mucho a Gakupo que no supo
más que seguir con el pequeño beso.
No había manera de que lo recordara ¿o sí?
— ¿Por qué estás molesta? —se animó a preguntar viendo que ella no relajaba su expresión.
—Soñé que un imbécil me besaba—escupió con evidente enfado. —Lo peor, es que fue demasiado real.
—No creo sea para tanto—respondió Gakupo como no queriendo la cosa.
Luka enarcando una ceja añadió esto último:
—Sí, claro… pero da la casualidad ¡que su boca sabía a berenjena!
Gakupo sintió un escalofrío por toda la espalda, aunque estaba seguro que ella no podría afirmarle nada, tampoco se animaba a preguntar si ya sabía todo y corroborarlo.
Estaba muerto del miedo, y todo por haber cenado aquél día ese precioso manjar.
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