domingo, 24 de marzo de 2013

Un Grotesco Romance Capítulo I Día I “Un Grotesco Gusto” by YokoHigurashi

El día es fascinante, nada es más fascinante que la luz del sol tocando tu piel, el viento rozando tus mejillas, el cielo azul y las hermosas nubes blancas, tan esponjosas como las colas de los conejos, nada causa más ternura que un día como este… ¡Mentira!… es grotesco, lo odio.

— ¿Has oído? —en el tren camino a casa las chicas de los demás colegios hablan emocionadas de su día.

— ¿Qué? ¿Qué? —tan sonrojadas, tan despreocupadas, todas entre amigas, me preguntó que se sentirá tenerlas.

— Maeda de la clase “B” se declaro hoy a Konishi de nuestra clase — ¡Oh! Es cierto… no me interesa tenerlas, nunca tienen nada bueno de que hablar.

— ¡Mentira! ¡Mentira! —siempre sus temas son tan repetitivos, hablan de romance, de maquillaje, el artista de moda y chicos— ¿Qué le dijo?

— Parece que le dijo que lo iba a pensar y mañana le va a dar una respuesta —son tan superficiales que me repugnan.

— Entonces será rechazada porque… —el tren suena anunciando su parada y se abren las puertas, yo bajo lentamente para así dirigirme a casa a pie.

El día de hoy es realmente asqueroso, ha estado demasiado solead, con un cielo demasiado azul y nubes blancas formando figuras, me parece que hace 2 horas había una en forma de corazón ¡Asqueroso! ¡Asqueroso!

No se ve rastro de que vaya a llover, no hay rastro de truenos o de ventiscas, el desastre está muy lejos, es un día fastidioso, realmente… ¡Odio este día!

Sacó las llaves de mi bolsa de escuela y abro la puerta, un chirrido agudo suena, un delicioso ruido irritante que hace que mi sonrisa brote, suena como la escena de la película en que el asesino entra por sus víctimas y una a una las acuchilla, ese tipo de escenas me encantan, me excitan demasiado.

Relamo mis labios de solo imaginar toda esa sangre y esa expresión de miedo en sus ojos de las víctimas, que escena más maravillosa, esos asesinos que nos muestran sí que son artistas lástima que siempre los atrapan al final, con ese pensamiento aviento mi maleta en el sofá mientras me dirijo a la cocina.

Recuerdo cuando mamá vivía aquí, recuerdo cuando papá vivía aquí, recuerdo la sonrisa de ella preparando la comida y mi padre en el sofá viendo la televisión, aún recuerdo sus voces, me preguntó que pensaba de niña, por más que intento recordar no logro conectar mi pasado conmigo.

— ¡Bah! —me digo a mi misma mientras abro el refrigerador— ya no importa —tomo el envase de leche y un vaso, empiezo a verterla.

Ese movimiento del líquido al llenar un vaso es realmente hipnótico, me gusta verlo, no puedo parar, si la leche fuera roja sería aún más atrayente para mi, si el vaso se rompiera y todo se derramara en el piso, en mi ropa, sería aún más interesante así mismo no puedo parar de llenar el vaso, aunque llegue a su tope la leche seguirá fluyendo, que siga fluyendo.

Suena el timbre en ese momento, algo molesta pongo el envase de leche en la mesa que ahora esta empapada, me preguntó quién osa interrumpir este tan maravilloso momento para mí, me gustaría ahora mismo a esa persona escupirle en la cara.

Saboreo la idea, no creo sea tan mala, ahora que abra la puerta tal vez lo haga, sería interesante ver la expresión de esa persona al hacer eso ¿Su cara estaría asqueada? ¿Sorprendida? ¿Llena de enojo? ¿De odio hacia a mi? Me preguntó ¿Cómo me insultaría esa persona? ¿Cuáles serían sus palabras? La sola idea de imaginarlo me estimula mucho.

— ¿Quién es? —preguntó mientras espió por la mirilla, solo alcanzo a distinguir una camisa azul.

— Soy tu nuevo vecino, he pasado para saludar —su voz era suave y calmada, una voz suculenta para algunas, a mí se me hacia irritante.

Abro la puerta un tanto disgustada, pensaba en hacer realidad mis fantasías pero algo me detuvo, sus ojos eran azules, tan azules como la tranquilidad del mar que tantas nauseas me causan, su pelo era también azul, pero de un azul como el helado de menta que hace que quiera vomitar, su ropa igual era azul como el cielo que me repugna, todo él era grotesco y eso me estaba fascinando.

— Hola… mucho gusto —decía mientras extendía su mano hacia mi —acabo de mudarme a esta colonia, mi nombre es Shion Kaito y parece ser seré su vecino de la casa de enfrente —su sonrisa también era fastidiosa.

— Hola —trate de sonreírle de la mejor forma posible, espero haberme visto lo suficientemente perturbadora, sino mi objetivo ha fallado de nuevo— yo soy Hatsune Miku ¡Encantada de conocerte! —lo miro con cierta curiosidad, nunca pensé conocer a un ser tan grotesco como él, tan apetitoso.

— Pareces algo cansada —empezó a reír escandalosamente— tal vez te molesto, sería mejor que fueras a dormir —sus ojos se posaron sobre los míos en un microsegundo universal que me marco.

— Creo tal vez usted tenga razón —dije mientras me percataba de que aún él sujetaba mi mano, así que lentamente la quite y con discreción la acomodaba detrás de mí, podía sentir su sudor dejado en ella, cada vez mas asqueroso, por un momento relamí mis labios.

— Entonces nos vemos Hatsune-san —empezó a alejarse de la entrada de mi casa mientras yo lo veía fijamente y empecé a sonreír.

— ¡Que repulsivo hombre! —me dije a mi misma casi en una risa mientras con mi lengua lamia el sudor que había dejado en mis manos, un sabor realmente asqueroso que se derretía en mi paladar.

El cielo es azul y el azul es puro, detesto ese color, él era como el azul, repulsivo, asqueroso, grotesco y a mí me gustaban las cosas así, es algo contradictorio, pero el hecho de parecerme grotesco hacia que me gustará, realmente…

— Soy una chica podrida… —susurre para mi, mientras cerraba la puerta y apoyaba todo mi cuerpo en ella, pensando nuevamente en ese hombre.

¿Cuál era su nombre? Creo se llamaba Shion Kaito… Kaito… ya veo, incluso su nombre es horrible, incluso su nombre me gusta, pienso eso mientras con la mano que él agarro toco todo mi cuello imaginando su saliva, su lengua pasar ahí, que imagen tan grotesca.

Con hermosos y horribles sueños duermo como bebé, imagino la sangre de él cubriendo mi cuerpo, me imagino lamiendo las pequeñas gotas que escurren cayendo en mi lengua, un sabor tan parecido al metal que me agrada y estimula, un deseo maravilloso.

Me preguntó si lo veré mañana, si volveré a sentir su detestable olor y ver su molesta sonrisa, un deseo tan profundo en mi corazón que me llena de éxtasis, que hace me sienta muerta y estúpida, con esa idea mi corazón se llena de risa imaginando la cara de él llena de sufrimiento.

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