Delicioso, hoy al
despertar, en contraste del día anterior, estaba lloviendo
terriblemente, una mañana escandalosa, llena de truenos y un cielo
negro, que vista tan exquisita, esto hace que sonría al ver la ventana y
me ponga el uniforme con alegría.
La lluvia cae fuertemente, tan fuerte que pienso sería un desperdicio usar un abrigo o un paraguas, el frío de esta es demasiado intenso como para no sentirla directamente, así que apenas termino de vestirme tomo mis cosas, dispuesta a salir.
— ¿Eh? —nuevamente nos cruzamos al salir de nuestras casas— Hola… —lleva puesto el uniforme de mi escuela, cosa que en primer instante me sorprende pero ahora que lo veía él tenía más o menos la misma edad que yo.
— Hola… —digo mientras cierro la puerta— extraña coincidencia —veo que lleva una bufanda y un paraguas de color azul, parece que le gusta el azul, eso hace que sonría levemente ante la idea de que a las cosas asquerosas también le gustan las cosas asquerosas.
— Si —empieza a reír mientras abre su paraguas— parece que vamos a asistir a la misma escuela —nuevamente el sonido magnifico de la lluvia se combina con el sonido irritante de su risa y las gotas que golpean con su paraguas.
— Si, así parece… —me limito a decir solamente eso mientras empiezo a salir de mi entrada para por fin poder sentir la fría agua recorrer mi cuerpo.
— ¡Ah! —dijo él en un tono de sorpresa— no llevas un paraguas, te vas a mojar —se apresuró a ponerme debajo del suyo, eso realmente me disgustaba, ya que iba en contra de mis deseos.
— No necesito uno… —trate de alejarme de él, pero su asquerosa mano me tomo del hombro y su cara se acerco a la mía.
— Te puedes enfermar… —yo solo lo vi fijamente, cada vez me parecía más grotesco y cada vez me fascinaba mas.
Así caminamos al tren y al salir de éste, hacia la escuela, el día era esplendido, negro con sonidos estridentes, mi corazón bailaba con esos sonidos, estaba un tanto triste y disgustada de que aquella agua no pudiera tocar mi ropa y también algo extrañada con la actitud de esta persona, es a esto a lo que llaman amabilidad, ahora puedo decir que me causa nauseas.
— ¡Hey! ¿Has oído? —recuerdo que entraba al salón después de haber ido a entregar unas copias cuando vi a estas chicas platicar.
— ¿Qué cosa? —la conversación de las chicas siempre empiezan similar, a pesar de eso, no podía evitar escucharlas.
— Hoy Hatsune venía acompañada de un chico guapísimo —decía ella, parece ser que ahora yo era motivo de sus chismes.
— ¡Mentira! ¡Mentira! —siempre lo mismo, pero con la excepción de que ahora yo era el tema a tratar, que aburrido.
— ¿Acaso no me crees? —solo me apoye en la pared de aquel salón tan vacío y las vi fijamente.
— No puedo creer que sea Hatsune — yo era tan poco para ellas, que no notaban mi presencia— ¿Pero la has visto? No es por nada pero es una desadaptada — pero ahora yo era tanto que sus bocas se gozaban en hablar de mí.
— ¡Lo sé! —decía esta chica mientras apoyaba las manos en el pupitre de su amiga— siempre esta desarreglada, con ojeras, no le habla a nadie y a veces huele realmente mal —ahora que lo veía su cabello era de color negro azulado, que color tan bellamente repulsivo, la belleza del negro con las sombras asquerosas del azul.
— ¡Es por eso! Aparte has visto como mira y lo que hace —esa chica también tenía un cabello largo en una trenza, aunque el suyo fuera de color rojo, un rojo como la sangre, eso me agradaba.
— También he oído que viene de una familia desastrosa — ¡Oh! Así que sabían eso, bueno no importa.
— Pensé que vivía sola —su pelo de las dos me parece hermoso.
— ¡Sí! Así es, pero nadie sabe realmente porque es así —me preguntó como peinarán su pelo en las noches— aunque rumores dicen que tiene que ver con su familia.
— ¡Dios! Que mujer tan repulsiva —deben hacerlo con una bella sonrisa, una sonrisa que seguramente detesto.
Me acerco sigilosamente a ellas mientras siguen rumoreando de mi, cada vez mas insulto, cuanta felicidad me dan, no recuerdo cuando fue la última vez que fui insultada tanto y tan maravillosamente, eso realmente me llenaba el corazón ¿Cómo debía devolverles el favor?
Tome las tijeras de mi pupitre en el camino que me acercaba a ellas, se me había ocurrido la forma perfecta para agradecerles el hecho de llenar mi nombre de miseria, eso era un grato obsequio para mi, para ellas.
— Hola chicas —dije por sus espaldas mientras con mi mano izquierda hábilmente tomaba la trenza de una y un gran mechón de pelo de la otra— ¿Saben que tienen un hermoso pelo?
— ¡Hatsune! —gritó la del pelo rojo, sus mirada se veía asustada de solo verme, así que sonreí para calmarla pero creo solo logre alterarla más, eso me hizo aun más feliz.
— ¿¡Qué haces anormal!? —la de pelo negro azulado fue la primera en insultarme en mi cara, ¿Cuánto más feliz quería hacerme? ¡Realmente una persona maravillosa!— ¡Suelta mi pelo! —pero al contrario de su pedido lo tome más fuerte.
— ¿Qué pasa? —les dije tratando de sonreír más abiertamente— pensé que me llamaban, tanto mencionaban mi nombre que pensé que querían verme —acerque su pelo a mi nariz y aspire el aroma— tanto han hablado de mí que me han hecho feliz —sus cabellos juntos olían a una combinación de flores con moras… cuanto odiaba aquel aroma.
— ¿Qué estás haciendo? —dijo la pelirroja con una voz temblorosa mientras seguía aspirando el olor del pelo de ambas.
— Realmente me han hecho tan feliz —les dije nuevamente— estaba pensando como agradecerles.
— ¡No tienes que agradecernos nada! —gritaba la pelinegra como si presintiera mis intenciones, aunque ninguna de mis palabras era mentira.
— Insisto —dije pausadamente— su cabello es tan hermoso, no como el mío tan maloliente —lo empecé a acariciar suavemente con mi dedo pulgar, esa textura tan fina que hacia me diera cuenta cuan hermoso era el pelo de las dos— debo decir que les agradezco que a pesar de ser tan lindas hablen de mi —una de ellas trato de jalarse pero con mi mano la jale mas fuerte hacia mí.
— ¡Ah! —gritaron las dos, consecuencia de que ambos cabellos estuvieran en mi mano.
— Realmente se los agradezco —en un movimiento rápido con mi mano derecha a mi espalda hice uso de las tijeras cortando de un tajo el cabello que estaba en mis manos— ¡Gracias!
— ¿¡P-pe-pe-pero que has hecho!? —gritaba la de pelo negro que había quedado dispareja ante mi corte.
— ¿¡Por qué!? —la pelirroja sin su trenza ahora tenía el pelo corto y de un corte chueco, ver eso sacó de mi una amplia sonrisa.
— Me sentí tan feliz cuando me insultaban —dije con una sincera alegría— que pensé en devolverles el favor —mis ojos se llenaron de luz al ver sus caras de miedo— su cabello era tan lindo que pensé que les estorbaba —ellas debían estar realmente dichosas de mi trabajo— porque lo grotesco es mejor.
Un maravilloso día debo decir, estaba lloviendo y había sido insultada infinidad de veces hoy, mi grupo enteró supo lo que hice, me insultaron nuevamente “¡Que chica tan desagradable!” “¡Esta loca!” ¡No se acerquen a Hatsune!” “¡Hatsune es peligrosa!” “¡Es una chica podrida!”.
Profesores y alumnos, todos hablan por igual y me hacen tan felices sus comentarios que quisiera agradecerles a todos, pero dudo pueda, hoy solo pude agradecerle a dos, quizás después le agradezca a mas, pero por hoy iré a la oficina del director que también se ha enterado de mi acción, me preguntó con que palabras me alagará también, me preguntó si deberé agradecerle también.
Pasó entre los pasillos escoltada por una profesora, todos me ven con miedo, cada vez me siento más feliz, cada vez quiero hacer más cosas para esas personas, también él está ahí, me ve con curiosidad, me preguntó si también me tendrá miedo, espero que sí, sería suculento si así fuera, sería realmente esplendido que hacia pasará.
Cuando el director habla es tan pesado, dijo tantas cosas “Eso no es correcto” “¿Quieres acaso ser una delincuente?” “¡Vas dirigida a ese camino!” “Eres una chica realmente incorregible” cada palabra es como un premio, tal vez debería hacer más cosas así, sería realmente dulce, con ese pensamiento vuelvo a lamer mis labios.
Fui suspendida por una semana, supongo no está mal, mientras volvía a casa con un cielo nublado y más tranquilo sin lluvia, mire fijamente la lejanía, creo debía trabajar, aunque no me agradaba mucho hacerlo.
— ¡Vuelva pronto! —una voz tan amigable de una cajera despidiendo al cliente mientras sonaba la campana al abrirse la puerta automática, salieron una madre y su hijos, increíblemente esa voz era la mía.
Nunca había sido como las demás chicas y si lo fui ya no recordaba ¿Qué debía recordar? ¿Había realmente algo valioso para mí en esos recuerdos? Ante solo esa idea me llenaba de risa amarga y pensaba en la locura que estaba dentro de mí.
— ¡Bienvenido! —dije con una enorme sonrisa y mis ojos notaron que era él, aquel repulsivo chicos.
— Hola… no sabía que trabajabas ahí —cada coincidencia era mayor, aquella tienda de servicio no quedaba cerca de la escuela ni de la casa, no quería nadie me viera con esta estúpida sonrisa, pero parecía él era la excepción.
— ¡Bienvenido! —volví a decir con la sonrisa de mi personaje.
— ¿Eh? —por un momento el se veía dudoso, como si lo que viera no fuera real, pero de la nada, toda esa suculenta expresión desapareció para que el embozara una de sus estúpidas sonrisas — ¡Gracias!
Así no siendo él, el único cliente del día atendí el lugar, como odiaba mi trabajo, siempre sonriendo como las demás chicas idiotas que conocía, repitiendo lo mismo una y otra vez, cada minuto me irritaba más pero no podía dejar al personaje.
Al llegar a casa ya era de noche, todo estaba obscuro, ni una luz encendí, solo me limite a abrir el refrigerador y sacar todo lo necesario para un emparedado como cena, el día había sido lleno de emociones, alegrías y frustraciones.
Verlo a él era el destino, pero su sonrisa arruinaba todo, cuanto deseaba, cuanto anhelaba verlo sufrir, verlo rogar, verlo llorar, esa imagen tan apetitosa me llenaba de júbilo, tanto que lamia mi labio ante tan dulce idea.
Déjame decirte, déjame contarte que el hecho de pensar en ti hace que mi sangre se sienta pesada y grumosa, mi boca se reseque, mis ojos se hinchen con pupilas dilatadas, que sienta asco y sienta nausea, déjame decirte… “Me gustas”
La lluvia cae fuertemente, tan fuerte que pienso sería un desperdicio usar un abrigo o un paraguas, el frío de esta es demasiado intenso como para no sentirla directamente, así que apenas termino de vestirme tomo mis cosas, dispuesta a salir.
— ¿Eh? —nuevamente nos cruzamos al salir de nuestras casas— Hola… —lleva puesto el uniforme de mi escuela, cosa que en primer instante me sorprende pero ahora que lo veía él tenía más o menos la misma edad que yo.
— Hola… —digo mientras cierro la puerta— extraña coincidencia —veo que lleva una bufanda y un paraguas de color azul, parece que le gusta el azul, eso hace que sonría levemente ante la idea de que a las cosas asquerosas también le gustan las cosas asquerosas.
— Si —empieza a reír mientras abre su paraguas— parece que vamos a asistir a la misma escuela —nuevamente el sonido magnifico de la lluvia se combina con el sonido irritante de su risa y las gotas que golpean con su paraguas.
— Si, así parece… —me limito a decir solamente eso mientras empiezo a salir de mi entrada para por fin poder sentir la fría agua recorrer mi cuerpo.
— ¡Ah! —dijo él en un tono de sorpresa— no llevas un paraguas, te vas a mojar —se apresuró a ponerme debajo del suyo, eso realmente me disgustaba, ya que iba en contra de mis deseos.
— No necesito uno… —trate de alejarme de él, pero su asquerosa mano me tomo del hombro y su cara se acerco a la mía.
— Te puedes enfermar… —yo solo lo vi fijamente, cada vez me parecía más grotesco y cada vez me fascinaba mas.
Así caminamos al tren y al salir de éste, hacia la escuela, el día era esplendido, negro con sonidos estridentes, mi corazón bailaba con esos sonidos, estaba un tanto triste y disgustada de que aquella agua no pudiera tocar mi ropa y también algo extrañada con la actitud de esta persona, es a esto a lo que llaman amabilidad, ahora puedo decir que me causa nauseas.
— ¡Hey! ¿Has oído? —recuerdo que entraba al salón después de haber ido a entregar unas copias cuando vi a estas chicas platicar.
— ¿Qué cosa? —la conversación de las chicas siempre empiezan similar, a pesar de eso, no podía evitar escucharlas.
— Hoy Hatsune venía acompañada de un chico guapísimo —decía ella, parece ser que ahora yo era motivo de sus chismes.
— ¡Mentira! ¡Mentira! —siempre lo mismo, pero con la excepción de que ahora yo era el tema a tratar, que aburrido.
— ¿Acaso no me crees? —solo me apoye en la pared de aquel salón tan vacío y las vi fijamente.
— No puedo creer que sea Hatsune — yo era tan poco para ellas, que no notaban mi presencia— ¿Pero la has visto? No es por nada pero es una desadaptada — pero ahora yo era tanto que sus bocas se gozaban en hablar de mí.
— ¡Lo sé! —decía esta chica mientras apoyaba las manos en el pupitre de su amiga— siempre esta desarreglada, con ojeras, no le habla a nadie y a veces huele realmente mal —ahora que lo veía su cabello era de color negro azulado, que color tan bellamente repulsivo, la belleza del negro con las sombras asquerosas del azul.
— ¡Es por eso! Aparte has visto como mira y lo que hace —esa chica también tenía un cabello largo en una trenza, aunque el suyo fuera de color rojo, un rojo como la sangre, eso me agradaba.
— También he oído que viene de una familia desastrosa — ¡Oh! Así que sabían eso, bueno no importa.
— Pensé que vivía sola —su pelo de las dos me parece hermoso.
— ¡Sí! Así es, pero nadie sabe realmente porque es así —me preguntó como peinarán su pelo en las noches— aunque rumores dicen que tiene que ver con su familia.
— ¡Dios! Que mujer tan repulsiva —deben hacerlo con una bella sonrisa, una sonrisa que seguramente detesto.
Me acerco sigilosamente a ellas mientras siguen rumoreando de mi, cada vez mas insulto, cuanta felicidad me dan, no recuerdo cuando fue la última vez que fui insultada tanto y tan maravillosamente, eso realmente me llenaba el corazón ¿Cómo debía devolverles el favor?
Tome las tijeras de mi pupitre en el camino que me acercaba a ellas, se me había ocurrido la forma perfecta para agradecerles el hecho de llenar mi nombre de miseria, eso era un grato obsequio para mi, para ellas.
— Hola chicas —dije por sus espaldas mientras con mi mano izquierda hábilmente tomaba la trenza de una y un gran mechón de pelo de la otra— ¿Saben que tienen un hermoso pelo?
— ¡Hatsune! —gritó la del pelo rojo, sus mirada se veía asustada de solo verme, así que sonreí para calmarla pero creo solo logre alterarla más, eso me hizo aun más feliz.
— ¿¡Qué haces anormal!? —la de pelo negro azulado fue la primera en insultarme en mi cara, ¿Cuánto más feliz quería hacerme? ¡Realmente una persona maravillosa!— ¡Suelta mi pelo! —pero al contrario de su pedido lo tome más fuerte.
— ¿Qué pasa? —les dije tratando de sonreír más abiertamente— pensé que me llamaban, tanto mencionaban mi nombre que pensé que querían verme —acerque su pelo a mi nariz y aspire el aroma— tanto han hablado de mí que me han hecho feliz —sus cabellos juntos olían a una combinación de flores con moras… cuanto odiaba aquel aroma.
— ¿Qué estás haciendo? —dijo la pelirroja con una voz temblorosa mientras seguía aspirando el olor del pelo de ambas.
— Realmente me han hecho tan feliz —les dije nuevamente— estaba pensando como agradecerles.
— ¡No tienes que agradecernos nada! —gritaba la pelinegra como si presintiera mis intenciones, aunque ninguna de mis palabras era mentira.
— Insisto —dije pausadamente— su cabello es tan hermoso, no como el mío tan maloliente —lo empecé a acariciar suavemente con mi dedo pulgar, esa textura tan fina que hacia me diera cuenta cuan hermoso era el pelo de las dos— debo decir que les agradezco que a pesar de ser tan lindas hablen de mi —una de ellas trato de jalarse pero con mi mano la jale mas fuerte hacia mí.
— ¡Ah! —gritaron las dos, consecuencia de que ambos cabellos estuvieran en mi mano.
— Realmente se los agradezco —en un movimiento rápido con mi mano derecha a mi espalda hice uso de las tijeras cortando de un tajo el cabello que estaba en mis manos— ¡Gracias!
— ¿¡P-pe-pe-pero que has hecho!? —gritaba la de pelo negro que había quedado dispareja ante mi corte.
— ¿¡Por qué!? —la pelirroja sin su trenza ahora tenía el pelo corto y de un corte chueco, ver eso sacó de mi una amplia sonrisa.
— Me sentí tan feliz cuando me insultaban —dije con una sincera alegría— que pensé en devolverles el favor —mis ojos se llenaron de luz al ver sus caras de miedo— su cabello era tan lindo que pensé que les estorbaba —ellas debían estar realmente dichosas de mi trabajo— porque lo grotesco es mejor.
Un maravilloso día debo decir, estaba lloviendo y había sido insultada infinidad de veces hoy, mi grupo enteró supo lo que hice, me insultaron nuevamente “¡Que chica tan desagradable!” “¡Esta loca!” ¡No se acerquen a Hatsune!” “¡Hatsune es peligrosa!” “¡Es una chica podrida!”.
Profesores y alumnos, todos hablan por igual y me hacen tan felices sus comentarios que quisiera agradecerles a todos, pero dudo pueda, hoy solo pude agradecerle a dos, quizás después le agradezca a mas, pero por hoy iré a la oficina del director que también se ha enterado de mi acción, me preguntó con que palabras me alagará también, me preguntó si deberé agradecerle también.
Pasó entre los pasillos escoltada por una profesora, todos me ven con miedo, cada vez me siento más feliz, cada vez quiero hacer más cosas para esas personas, también él está ahí, me ve con curiosidad, me preguntó si también me tendrá miedo, espero que sí, sería suculento si así fuera, sería realmente esplendido que hacia pasará.
Cuando el director habla es tan pesado, dijo tantas cosas “Eso no es correcto” “¿Quieres acaso ser una delincuente?” “¡Vas dirigida a ese camino!” “Eres una chica realmente incorregible” cada palabra es como un premio, tal vez debería hacer más cosas así, sería realmente dulce, con ese pensamiento vuelvo a lamer mis labios.
Fui suspendida por una semana, supongo no está mal, mientras volvía a casa con un cielo nublado y más tranquilo sin lluvia, mire fijamente la lejanía, creo debía trabajar, aunque no me agradaba mucho hacerlo.
— ¡Vuelva pronto! —una voz tan amigable de una cajera despidiendo al cliente mientras sonaba la campana al abrirse la puerta automática, salieron una madre y su hijos, increíblemente esa voz era la mía.
Nunca había sido como las demás chicas y si lo fui ya no recordaba ¿Qué debía recordar? ¿Había realmente algo valioso para mí en esos recuerdos? Ante solo esa idea me llenaba de risa amarga y pensaba en la locura que estaba dentro de mí.
— ¡Bienvenido! —dije con una enorme sonrisa y mis ojos notaron que era él, aquel repulsivo chicos.
— Hola… no sabía que trabajabas ahí —cada coincidencia era mayor, aquella tienda de servicio no quedaba cerca de la escuela ni de la casa, no quería nadie me viera con esta estúpida sonrisa, pero parecía él era la excepción.
— ¡Bienvenido! —volví a decir con la sonrisa de mi personaje.
— ¿Eh? —por un momento el se veía dudoso, como si lo que viera no fuera real, pero de la nada, toda esa suculenta expresión desapareció para que el embozara una de sus estúpidas sonrisas — ¡Gracias!
Así no siendo él, el único cliente del día atendí el lugar, como odiaba mi trabajo, siempre sonriendo como las demás chicas idiotas que conocía, repitiendo lo mismo una y otra vez, cada minuto me irritaba más pero no podía dejar al personaje.
Al llegar a casa ya era de noche, todo estaba obscuro, ni una luz encendí, solo me limite a abrir el refrigerador y sacar todo lo necesario para un emparedado como cena, el día había sido lleno de emociones, alegrías y frustraciones.
Verlo a él era el destino, pero su sonrisa arruinaba todo, cuanto deseaba, cuanto anhelaba verlo sufrir, verlo rogar, verlo llorar, esa imagen tan apetitosa me llenaba de júbilo, tanto que lamia mi labio ante tan dulce idea.
Déjame decirte, déjame contarte que el hecho de pensar en ti hace que mi sangre se sienta pesada y grumosa, mi boca se reseque, mis ojos se hinchen con pupilas dilatadas, que sienta asco y sienta nausea, déjame decirte… “Me gustas”
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