viernes, 3 de mayo de 2013

Un Grotesco Romance Capítulo III Día XI “Cuando te volví a ver” by YokoHigurashi

Ir a la escuela en las mañanas es tan agotador, después de mis pequeñas vacaciones es difícil volver al pasó de la vida de una estudiante, aunque me causa gracia, ¿Cuándo he tenido la vida de una estudiante?

Esta mañana no es lluviosa, es una lástima, parece que el día de hoy será demasiado soleado… ¡Molesto! Detestaré el día de hoy, es seguro que lo odiaré, es seguro que lo acuchillare en mi corazón hasta que corra su sangre… lástima que los días no tengan sangre.

Empiezo a cerrar la puerta de mi casa, no se para que la cierro si la debería volver abrir de regreso a casa, no creo alguien venga a asaltar a una estudiante de preparatoria, en realidad no tengo mucho, mi pelo enmarañado, grasoso, mi uniforme arrugado, mi piel tan blanca como la de un muerto, mis ojos llenos de ojeras, esta es mi adorada grotesca apariencia, y con ella… ¿Quién tendría interés en mi?

— ¿Eh? ¿Miku? —esa voz… — ¡Hola! No te veía desde hace una semana —él se acerca a mí para tomarme del hombro… tan detestable como siempre— ¿Estás bien? Escuche que fuiste suspendida.
— Si… —respondo pausadamente con una sonrisa algo forzada— nada interesante.
— ¿Segura? —parece realmente preocupado ¿Es esto lo que las chicas llaman adorable en un chico? 

Ya veo que es más repugnante de lo que imagine.
 
— Si… —digo mientras empiezo a caminar con mi portafolio en las manos— se hace tarde, es mejor avanzar hacia la escuela.
— ¿Eh? —parece extrañado de mi actitud y algo ansioso, como si quisiera preguntar algo, un chico cobarde… — si, tienes razón —finaliza con una sonrisa y empieza a avanzar.

Tomamos el tren en diferentes vagones, en realidad no esperaba compartir el vagón con esta persona y en parte me alegro de no haberlo compartido, eso me relajo para recargarme sobre las puertas del tren, sabía que no se abrirían en un par de estaciones, así que era seguro.

Pero… ¿Qué tal si se abrieran? ¿Qué tal si cayera yo a los rieles? ¿Qué tal si el tren me pasará por encima? Mi sangre corriendo, salpicando las ventanillas de los pasajeros, sus caras llenas de horror por mi sangre y mis entrañas ¡Qué maravillosa idea! ¡Sería tan suculenta! Con solo imaginarla no puedo evitar sonreír, sin embargo, hay un problema, si yo hiciera eso, yo ya no podría ser testigo de sus caras y eso no me causaría gracia.

No es la muerte lo que buscó, si fuera así hace mucho me hubiera matado, finalmente vivo sola, desde que mis padres se divorciaron y ninguno quiso hacerse cargo de mí, aún recuerdo sus palabras cuando peleaban sobre ese asunto.

— Yo tengo una vida —hablaba mi madre, casi en un gritó a mi padre— no puedo desperdiciarla con una mocosa.
— Yo también tengo trabajo Haruka —mi padre le contestaba a mi madre— tampoco tengo tiempo para la niña.
— ¿¡Qué es más importante para ti!? —yo solo me hundía en el sillón mientras abrazaba mi oso de peluche— ¿¡Tu hija o tu trabajo!? —tengo tan clara la imagen, aunque no recuerdo que pensaba en ese momento.
— La misma pregunta aplica para ti ¿No crees? —creo lloraba, no sé si sufría, solo sé que abrazaba muy fuertemente ese oso de peluche, mientras mis padres seguían discutiendo por mi causa.
 
Una escena suculenta que me llevó a vivir sola, y de ahí a saber que no quería mi muerte, eso no me interesa, no me causaría ningún placer, no si la provoco yo, ya que mi placer es ver las expresiones perturbadas de las personas, llenas de tristeza, de odio, de dolor, de repugnancia, todas esas caras que tan deliciosas me son, ese es mi deseo.
 
— “Próxima parada” “Próxima parada” —se oye la campana del tren anunciando que pronto se abrirán las puertas y pronto deberé bajar.
Así lo hago y camino hacia la escuela, con una sonrisa en la cara de solo imaginar los rostros de mis compañeros, la mirada de las chicas a las que les corte el cabello, y de imaginar la expresión de horror de aquel chico de pelo azul.   
— Hoy será un buen día… —susurró para mí, mientras camino en dirección al portón de la escuela.
— ¿Ya viste? —casi en un susurro podía escuchar las voces.
— ¿Qué sucede? —un alboroto en sus mentes.
— Es Hatsune… —y un nombre, mi nombre, como la última palabra en cada conversación.

Los salones de clases nunca son callados, cuando hay cambio de profesor muchos se levantan de los pupitres para ir a hablar con sus amigos, se escucha el murmurar, las miles de conversaciones combinándose en un sonido espantoso.

Yo solo me quedo sentada ahí, viendo a todos moverse, imaginando que la luz que entra en la ventana se convierte en obscuridad, una obscuridad demasiado absorbente, que te hipnotiza, que nadie pueda escapar, que sus voces alegres se conviertan en gritos desgarradores como si su piel fuera arrancada, que sus ojos brillosos salgan con dolor y sangren para que griten más, que su piel se pudra y esa tortura sea eterna.

— Hatsune… —dirán mi nombre como una maldición— Hatsune… —como un conjuro— Hatsune… —como… — ¡Hatsune Miku! ¿¡Estás escuchando!?
— ¿mmm? —levanto mi mirada, la señorita Kurmochi, la fastidiosa maestra de Literatura me estaba hablando y ante mi reacción solo vi que se ponía roja de la ira, una expresión agradable debo agregar.
— Hatsune Miku, será mejor que ponga atención —lástima que prontamente calma su irá, y muestra una cara tan falsa de profesora que me causa repulsión— dejé de andar vagando y es mejor se esté atenta a la clase —cientos de risas se sueltan alrededor, como si se gozaran de que fuera regañada.
— No solo es rara y antisocial —se escucha la voz de alguien.
— También es realmente idiota —las voces no paran, rotando en lo mismo… esto es… ¡Una gran alegría!
 
— Chicos… —la profesora empieza a hablar— silencio por favor —quiere calmar lo que tanto gozo me da— ¡Por favor chicos! —pero por más que intente no puede calmarlo por completo.
— Disculpe profesora —levanto mi mano calmadamente para recibir la mirada llena de odio de la profesora, parece que le soy un fastidio, de ser así, me sentiría realmente muy feliz.
— ¿Ahora qué quieres Hatsune? —la profesora se acomoda los lentes y acomoda sus manos en el pedestal de la clase, como si yo fuera el colmo de un desastre, su expresión enojada realmente me hace sentir satisfecha, pero… hay una expresión que me causaría aún más placer.
— Me gustaría decir unas palabras a este alboroto… —me levanto lentamente, entre la multitud de mis compañeros se oyen los codazos “La estúpida de Hatsune va hablar” “Guarden silencio, el monstruo se ha levantado” “La maloliente de Hatsune quiere abrir su bocota” Sus palabras hirientes, no son más que dulces para mi pecado— en realidad lo sé, escucho lo que dicen… —toco mi pecho, mi corazón no para de saltar de alegría, realmente quiero agradecérselo— sé que soy una chica maloliente, sé que soy desarreglada y podrida, se que hablan a mis espaldas insultos… —mi voz empieza a acelerarse de la emoción— ¡Realmente! No sé que hice para merecer tantos… —algunos giraron la mirada, con rostros de culpa, las chicas a las que les corte el cabello parecían prepararse para defenderse de mi… ¡Qué alegría! ¡Qué gozo! — ¡Halagos! La alegría de sus palabras llenas de veneno me encanta, me fascina —todo se vuelve silencio, sus rostros se vuelven rígidos, como si fueran testigos de un delito— la mirada de odio, de desprecio, la profesora… —algunos empezaron a taparse los oídos, a pesar de que mis palabras eran sinceras— ¡Me alegra tanto! En verdad los amo a todos porque… —mi mirada se fija en todos lentamente con la mejor de mis perturbadoras sonrisas, incluso la profesora ha empezado a encajar las uñas en su pedestal— ¡Todos son repugnantes! —así termino mi discurso con una risa, maravillada de sus expresiones suculentas.
 
— ¡Suficiente Hatsune! —en un jadeo, como si algo la sofocara, la profesora azota su libro en el pedestal en un acto desesperado, en un acto suculento— ¡Deténgase por favor!
— Si profesora… —digo con una sonrisa mientras me siento nuevamente en mi pupitre— solo decía lo que sentía, disculpe por eso.

A partir de ese segundo, todo el salón se volvió un silencio absoluto, solo se escuchaba la voz nerviosa de la profesora, curiosamente al cambio de profesor, todo siguió en absoluto silencio, nadie se levanto de sus pupitres, nadie busco a sus amigos, todos como hipnotizados, como atemorizados, tal cual como las presas antes de ser devoradas, todos… guardaban silencio.
Una sonrisa falsa, no es algo que necesite, pero tampoco necesito una verdadera sonrisa, el chico de cabello azul, mi vecino, pasa por la puerta de mi salón, habla con sus amigos a la salida, solo quedo yo, sigo observando la ventana y recordando los rostros de mis compañeros cuando se fueron velozmente, como si en serio fueran a ser devorados.

Yo salgo silenciosamente, paso a paso, me dirijo a la estación del tren, mi casa me espera con su acogedora imagen calmada, esa imagen que me permite imaginar, distorsionar y recrear la realidad, que me hace sentir cómoda, que me hace sentir enferma, repulsiva, grotesca, que me hace sentir yo.

— ¡Miku! —su voz es como un canto de ave, como de un ruiseñor— ¿Tu también camino a casa? —detestaba su grotesca voz, y a la vez me encantaba.
— Si… —dijo pausadamente mientras sus ojos azules estaban fijos en mí.
— Me encantaría ir contigo —habla por sí solo, como si me importará— pero quede con unos amigos —no tenía necesidad de decirme eso, casi nunca hablamos— así que por favor cuídate —él es tan molesto.
— Si… —todo el me era asqueroso y por esa razón lo deseaba tanto— tu igual cuídate —su sonrisa siempre era visible, su rostro siempre alegre.

Subo al tren e imagino el rostro de él lleno de sufrimiento, de lágrimas, al punto de la locura. ¡Quiero ver ese rostro! Quiero verlo desesperado, sin salida, quiero verlo desesperanzado, y yo quiero ser la causa de ese sufrimiento, así me voy en el tren, viendo el cielo que se nubla con ese anhelo de ver ese rostro hermosamente lleno de terror… hasta que nos volvamos a ver.

— ¡Oh! —digo alegremente en la ventana del tren— parece que va a llover —y no puedo evitar sonreír, esta soy yo, esta es mi alegría ¿Te gusta?

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