— ¡Mamá! ¡Mamá! —una niña pequeña de pelo verde grita, buscando la sonrisa de aquella mujer de expresión fría, siempre tan seria.
— ¿Ahora qué quieres Miku? —se muestra molesta mientras con su temblorosa mano con la que mantiene un cigarrillo se sostiene su sudorosa frente mientras con la otra mano mantiene un montón de papeles— ¿Acaso no ves que estoy ocupada?
— Pero mami… —la niña sostiene un oso y entre sus manos lleva un dibujo— te hice esto —ella extiende nerviosamente su mano a aquella fría mujer, temblando, para que esa mujer la ignora— mami… mami… —la niña la sigue llamando— mami… ¡Mami!… —su voz suena una y otra vez, una y otra vez— ¡Por favor! Hazme caso —como un ruego, la llama nuevamente.
— ¡Ya basta! —la madre agarra el dibujo bruscamente de la mano de la niña, lo mira con desprecio— ¿¡Solo por una cosa así vienes a molestarme!? —grita mientras se pone el cigarro en la boca y con sus dos manos destruye el dibujo en miles de pedazos.
— Mami… —la cara de la niña se vuelve lagrimosa— mami… ¿Por qué? —la niña empieza a llorar.
— ¡Ya cállate! —la mujer la abofetea con todas sus fuerzas— “Mami, mami” ¿¡Es todo lo que sabes decir!? —la mujer se exaspera— ¡Ojala pudieras cerrar esa bocota! Detesto escucharte… ¡Te detesto! —diciendo eso la mujer vuelve a sus documentos— vete de aquí.
La niña se va caminando de ahí con su osito de peluche en mano, camina fuera de los pasillos ¿Se siente solo? Una pequeña deambulando sola, triste, sin nadie a su lado ¿Su padre? está trabajando todo el día y nunca está en casa mientras que su madre siempre está ocupada y nunca tiene tiempo para ella, sus padres pelean apenas se ven, su familia se está desmoronando, y en toda esa crueldad… la niña… se está pudriendo.
— ¡Ah! —mis ojos se abren repentinamente, mi muñeca derecha está en mi frente y empiezo a ver el techo— llevaba mucho tiempo que no tenía ese sueño— empiezo a sonreír, mientras me tapo los ojos, estoy llorando de alegría de solo recordar el rostro de odio de mi propia madre, sus palabras “te detesto”, su boca furiosa, y su actitud desinteresada, realmente la admiro, mostrar esa crueldad y esa actitud tan grotesca con su propia hija, ojala yo un día pudiera lograr hacer eso.
Me levanto de la cama, ¿Qué hora es? ¡Oh! Son las cuatro de la mañana, realmente he dormido muy poco, pero es normal, hoy es el aniversario ¡Debo festejarlo! Hoy es el aniversario del divorcio de mis padres ¡Hoy es un gran día! ¡El mejor de mis recuerdos! Cuando mi familia ya agrietada, termino por destruirse.
En realidad el sabor de ese recuerdo es amargo, alguna vez creo aquella mujer, aquel hombre sonrieron, pero fue hace tanto que la imagen es borrosa, alguna vez no fueron tan grotescos y en su momento los ame más que cualquier cosa, o por lo menos esa mocosa que yo solía ser, lo hacía, pero ahora al igual que ellos no siento nada por real, solo la repugnancia del placer de haber tenido una familia así.
Con una sonrisa tomo una ducha mientras prendo unas velas, camino descalza y desnuda por toda la casa, estoy mojada, siento el frío de aquellos cuartos vacios en mí, de sus pisos, de sus paredes, de la noche, de mi existencia.
Sonrió en la cocina, cuando llego ahí veo el cuchillo, es muy útil cuando se quiere hacer algún guiso, es realmente útil cuando se quiere cortar algo en una emergencia, es realmente útil cuando le miro brillar a la luz de la aún existente Luna y luego suspiro para completar mi alegría, para hacerme sentir cuan repulsiva soy.
Con esa imagen corto la palma de mi mano, el dolor es leve y refrescante, me recuerda que vivo, pero no me responde el porqué vivo, me recuerda el odio de mi madre y me hace sonreír ante tal idea, me recuerda el desinterés de mi padre y me hace pensar cuan poco lo conocí, esa sangre escurriendo por mi muñeca y por mi brazo, me hacen recordar… ¡Cuan maravillosa ha sido mi vida!
Empiezo a lamerla, su sabor es como metal, el sabor de mi propia sangre es como un caramelo amargo, me causa placer, pero… no el suficiente, entonces imagino cómo sería probar la sangre de alguien más, tal vez la de Kaito, mi vecino, mi compañero.
Con esa imagen, saboreo mejor mi sangre, imagino que es la de él y empiezo a sonreír, mientras de mi rostro escurren lágrimas de alegría, mucha alegría, recuerdo una y otra vez las palabras de todos, de mis padres, de mis compañeros, de la gente que gentilmente me odia, sus palabras me hacen feliz, porque son tan desagradables, tan impuras que no puedo encontrar mejor alegría que esa.
Si su odio pudiera llenar mi vacio, sería estupendo, pero nada puede llenarme, ni si quiera el sabor de mi sangre, ni la sonrisa en mis recuerdos de mis padres, ni los gritos de dolor de la pequeña niña que solía ser, nada puede curar la putrefacción de mi ser, ni detenerla, su odio solo me alimenta y me llena de placer, me hace estar más enferma y me hace sonreírle a la vida como me sonrío alguna vez a mí, me hace recordar las palabras tan dulces de mi madre y en mi mente abrazarme fuertemente, mientras con una sonrisa desgarro mi propia piel.
Va a amanecer, yo aún no me he vestido para la escuela, sigo desnuda, desastrosa, y con mis ojos vacios miro la ventana, veo su casa, seguro él está por levantarse, me pregunto con que expresión se levanta… ¿Acaso cansado? ¿Acaso alegre? ¿Acaso malhumorado? Debo admitir que esa idea me causa curiosidad.
Hoy tal vez debería faltar a la escuela, necesito ver un lugar, me pondré el uniforme para verla, le mostrare como ha crecido maravillosamente bien su niña sin ella, ya que gracias a ella, y también a él me volví quien soy ¡Le estoy realmente agradecidos a ambos! Un maravilloso padre podrido y una encantadora madre podrida dieron la grotesca creación de una chica podrida y de estos sentimientos que desgarran deliciosamente mi ser.
Con esa idea empiezo a vestirme, mi uniforme tan arrugado como siempre, mi pelo enredado y mojado lo acomodo en dos coletas, mi boca reseca y llena del olor a sangre, mis dientes mal lavados y aun con residuos de mi sangre, mis ojos llenos de ojeras y un tanto rojos, realmente me encanta mi repulsiva apariencia.
Me pongo la gabardina, y tomo una bufanda, giro lentamente la perilla de la puerta, como saboreando el frío de la misma, y salgo, al final se donde esta ella, se que se casó de nuevo, se que hace poco tuvo un hijo, se que ella es lo que muchos dicen… feliz.
En cambio, ya no sé de él, es más… ¿Quién era él? Acariciaba mi cabeza cuando me veía y sonreía, pero siempre se ausentaba y me dejaba solo con ella, dio importancia mayor a su trabajo, se fue al extranjero y me dejo sola, aquel hombre desconocido que decían era mi padre.
Ellos dos me hicieron quien soy, me dejaron pudrirme y me hicieron el favor, la bendición de convertirme en esta chica tan perdida, tan retorcida, con esa idea puedo sonreír, porque tengo unos maravillosos y nauseabundos padres, un ejemplo a seguir, a amar, una agonía a mi vida con un alegre recuerdo… sus rostros.
Camino en dirección opuesta a mi colegio, lentamente, son muchos kilómetros a pie, me encanta caminar mucho, porque después de rato siento un delicioso y suculento dolor en los pies, como las venas fueran a estallar, para dejar correr mi sangre, para que así me desangre, y lo que salga de mi llene todo, dándome el placer de ver a la gente alrededor horrorizada, desahuciada, desalentada, asustada.
Con aquella imagen de mi muriendo, viendo a otros sufrir, llenos de angustia y dudas, con esa imagen me alegro y relamo mis labios, es algo tan suculento, tan bello que no puedo evitar soltar una risa que llama la atención de la gente, que me mira como si estuviera loca, como si fuera peligrosa y tal vez no se equivocan, es probable, muy probable, sea esa la verdad y en realidad no me importa, me encanta vivir así.
Si llego a la casa de esa persona, estaré de pie, tomare la cámara de mi celular y tomare algunas fotos de la repulsiva sonrisa tan sincera que nunca fue capaz de mostrarme, puedo decir ella es feliz mientras carga a su bebé en el aire y su ahora nuevo esposo le sostiene el hombro, debajo de un poste veo la escena, como queriendo borrar una cinta vieja, mis ojos están vacios, llenos de una dulce infelicidad o ¿Debería decir asquerosa felicidad? Me siento vacía y llena de agonía, una sensación tan encantadora que dejo domine mi ser.
— Miku… —su mirada se ve perturbada apenas nota que estoy allí, pero no me muevo, solo la miro fijamente, ella le da su bebé al hombre que tiene a lado y sale rápidamente de la casa.
— Hola… —le digo, mi aliento puede verse claramente por el frío, mientras le sonrío como tengo costumbre con mis compañeros, esa sonrisa que me ha dado la fama de locura y perturbación, esa hermosamente asquerosa sonrisa le muestro a mi madre.
— ¿¡Qué haces aquí!? —dice furiosa, mientras su mano como en los viejos tiempos azota contra mi cara ¡Que placentero dolor!
— Yo también me alegro de verte… —digo nuevamente con una sonrisa en el rostro— madre…
— ¿¡No te dije que no quería saber nada de ti!? —su cara está totalmente roja de la irá— solo mírate… ¡Me repugnas! —el frío tocando mi piel, mi rostro golpeado, me hace sentir bien, casi un consuelo o más bien un anhelo antiguo, ahora en realidad solo la miro fijamente, bajo mi mirada con la misma sonrisa mientras acomodo mi bufanda, pienso en que ella nunca ha cambiado su actitud conmigo y eso sinceramente me alegra, una relación normal entre madre e hija, a estas alturas, con ella, conmigo… esa simple idea me causa asco.
— Lo sé madre —vuelvo a sonreír— ¡Muchas gracias por el halago! Yo también pienso que soy repulsiva —empiezo a reír fuertemente, mientras ella se muestra perturbada y vuelve a golpearme, su mirada de odio fue suficiente para mi, para poder entender una vez más porque soy quien soy.
Le vuelvo a sonreír y sostengo su mano suavemente, la estrujo con mis dedos como recordando cuando era muy pequeña y ella me sonreía, la toco mientras ella jalonea como queriendo alejarse de mí, como si fuera yo una plaga, yo entonces giro mi mano haciendo girar la suya en un descontrol rompiendo su muñeca, el crujir de sus huesos me causa placer, y vuelvo a reír descontroladamente.
— ¡Ahhhhh! —ella empieza a gritar del dolor, por la ventana veo a su esposo reaccionar, rápidamente se le ve caminar quedando fuera de mi vista, eso me da a entender que pronto vendrá al auxilio de mi madre, la cual en un intento desesperado lanza un golpe, pero esta vez no le dejo acertar, lo esquivo para darla uno en la cara rompiéndole la nariz y con una sonrisa me despido.
— ¡Gracias madre! —su nariz está sangrando sin control, mientras ella desesperadamente se la tapa con las manos— un regreso al amor que tanto me has dado —con esas palabras salgo corriendo, dejándola atrás arrodillándose del dolor.
La mañana es fría, amo quien soy, amo sentir este asco y repulsión de mi misma, es tan suculento el sabor, amo el frío de mi vida, amo a mis inhumanos padres, amo este dolor y agonía de mi corazón, amo ser una chica podrida.
Con esa idea camino de regreso a casa, con mis manos en los bolsillos del abrigo, mi madre jadeante atrás, gritando que no regrese nunca, una expresión que me llena de alegría “De tal palo, tal astilla” pienso para mi, ya que yo su odiada hija, anhela ser como ella, mi grotesca madre.
— ¿Ahora qué quieres Miku? —se muestra molesta mientras con su temblorosa mano con la que mantiene un cigarrillo se sostiene su sudorosa frente mientras con la otra mano mantiene un montón de papeles— ¿Acaso no ves que estoy ocupada?
— Pero mami… —la niña sostiene un oso y entre sus manos lleva un dibujo— te hice esto —ella extiende nerviosamente su mano a aquella fría mujer, temblando, para que esa mujer la ignora— mami… mami… —la niña la sigue llamando— mami… ¡Mami!… —su voz suena una y otra vez, una y otra vez— ¡Por favor! Hazme caso —como un ruego, la llama nuevamente.
— ¡Ya basta! —la madre agarra el dibujo bruscamente de la mano de la niña, lo mira con desprecio— ¿¡Solo por una cosa así vienes a molestarme!? —grita mientras se pone el cigarro en la boca y con sus dos manos destruye el dibujo en miles de pedazos.
— Mami… —la cara de la niña se vuelve lagrimosa— mami… ¿Por qué? —la niña empieza a llorar.
— ¡Ya cállate! —la mujer la abofetea con todas sus fuerzas— “Mami, mami” ¿¡Es todo lo que sabes decir!? —la mujer se exaspera— ¡Ojala pudieras cerrar esa bocota! Detesto escucharte… ¡Te detesto! —diciendo eso la mujer vuelve a sus documentos— vete de aquí.
La niña se va caminando de ahí con su osito de peluche en mano, camina fuera de los pasillos ¿Se siente solo? Una pequeña deambulando sola, triste, sin nadie a su lado ¿Su padre? está trabajando todo el día y nunca está en casa mientras que su madre siempre está ocupada y nunca tiene tiempo para ella, sus padres pelean apenas se ven, su familia se está desmoronando, y en toda esa crueldad… la niña… se está pudriendo.
— ¡Ah! —mis ojos se abren repentinamente, mi muñeca derecha está en mi frente y empiezo a ver el techo— llevaba mucho tiempo que no tenía ese sueño— empiezo a sonreír, mientras me tapo los ojos, estoy llorando de alegría de solo recordar el rostro de odio de mi propia madre, sus palabras “te detesto”, su boca furiosa, y su actitud desinteresada, realmente la admiro, mostrar esa crueldad y esa actitud tan grotesca con su propia hija, ojala yo un día pudiera lograr hacer eso.
Me levanto de la cama, ¿Qué hora es? ¡Oh! Son las cuatro de la mañana, realmente he dormido muy poco, pero es normal, hoy es el aniversario ¡Debo festejarlo! Hoy es el aniversario del divorcio de mis padres ¡Hoy es un gran día! ¡El mejor de mis recuerdos! Cuando mi familia ya agrietada, termino por destruirse.
En realidad el sabor de ese recuerdo es amargo, alguna vez creo aquella mujer, aquel hombre sonrieron, pero fue hace tanto que la imagen es borrosa, alguna vez no fueron tan grotescos y en su momento los ame más que cualquier cosa, o por lo menos esa mocosa que yo solía ser, lo hacía, pero ahora al igual que ellos no siento nada por real, solo la repugnancia del placer de haber tenido una familia así.
Con una sonrisa tomo una ducha mientras prendo unas velas, camino descalza y desnuda por toda la casa, estoy mojada, siento el frío de aquellos cuartos vacios en mí, de sus pisos, de sus paredes, de la noche, de mi existencia.
Sonrió en la cocina, cuando llego ahí veo el cuchillo, es muy útil cuando se quiere hacer algún guiso, es realmente útil cuando se quiere cortar algo en una emergencia, es realmente útil cuando le miro brillar a la luz de la aún existente Luna y luego suspiro para completar mi alegría, para hacerme sentir cuan repulsiva soy.
Con esa imagen corto la palma de mi mano, el dolor es leve y refrescante, me recuerda que vivo, pero no me responde el porqué vivo, me recuerda el odio de mi madre y me hace sonreír ante tal idea, me recuerda el desinterés de mi padre y me hace pensar cuan poco lo conocí, esa sangre escurriendo por mi muñeca y por mi brazo, me hacen recordar… ¡Cuan maravillosa ha sido mi vida!
Empiezo a lamerla, su sabor es como metal, el sabor de mi propia sangre es como un caramelo amargo, me causa placer, pero… no el suficiente, entonces imagino cómo sería probar la sangre de alguien más, tal vez la de Kaito, mi vecino, mi compañero.
Con esa imagen, saboreo mejor mi sangre, imagino que es la de él y empiezo a sonreír, mientras de mi rostro escurren lágrimas de alegría, mucha alegría, recuerdo una y otra vez las palabras de todos, de mis padres, de mis compañeros, de la gente que gentilmente me odia, sus palabras me hacen feliz, porque son tan desagradables, tan impuras que no puedo encontrar mejor alegría que esa.
Si su odio pudiera llenar mi vacio, sería estupendo, pero nada puede llenarme, ni si quiera el sabor de mi sangre, ni la sonrisa en mis recuerdos de mis padres, ni los gritos de dolor de la pequeña niña que solía ser, nada puede curar la putrefacción de mi ser, ni detenerla, su odio solo me alimenta y me llena de placer, me hace estar más enferma y me hace sonreírle a la vida como me sonrío alguna vez a mí, me hace recordar las palabras tan dulces de mi madre y en mi mente abrazarme fuertemente, mientras con una sonrisa desgarro mi propia piel.
Va a amanecer, yo aún no me he vestido para la escuela, sigo desnuda, desastrosa, y con mis ojos vacios miro la ventana, veo su casa, seguro él está por levantarse, me pregunto con que expresión se levanta… ¿Acaso cansado? ¿Acaso alegre? ¿Acaso malhumorado? Debo admitir que esa idea me causa curiosidad.
Hoy tal vez debería faltar a la escuela, necesito ver un lugar, me pondré el uniforme para verla, le mostrare como ha crecido maravillosamente bien su niña sin ella, ya que gracias a ella, y también a él me volví quien soy ¡Le estoy realmente agradecidos a ambos! Un maravilloso padre podrido y una encantadora madre podrida dieron la grotesca creación de una chica podrida y de estos sentimientos que desgarran deliciosamente mi ser.
Con esa idea empiezo a vestirme, mi uniforme tan arrugado como siempre, mi pelo enredado y mojado lo acomodo en dos coletas, mi boca reseca y llena del olor a sangre, mis dientes mal lavados y aun con residuos de mi sangre, mis ojos llenos de ojeras y un tanto rojos, realmente me encanta mi repulsiva apariencia.
Me pongo la gabardina, y tomo una bufanda, giro lentamente la perilla de la puerta, como saboreando el frío de la misma, y salgo, al final se donde esta ella, se que se casó de nuevo, se que hace poco tuvo un hijo, se que ella es lo que muchos dicen… feliz.
En cambio, ya no sé de él, es más… ¿Quién era él? Acariciaba mi cabeza cuando me veía y sonreía, pero siempre se ausentaba y me dejaba solo con ella, dio importancia mayor a su trabajo, se fue al extranjero y me dejo sola, aquel hombre desconocido que decían era mi padre.
Ellos dos me hicieron quien soy, me dejaron pudrirme y me hicieron el favor, la bendición de convertirme en esta chica tan perdida, tan retorcida, con esa idea puedo sonreír, porque tengo unos maravillosos y nauseabundos padres, un ejemplo a seguir, a amar, una agonía a mi vida con un alegre recuerdo… sus rostros.
Camino en dirección opuesta a mi colegio, lentamente, son muchos kilómetros a pie, me encanta caminar mucho, porque después de rato siento un delicioso y suculento dolor en los pies, como las venas fueran a estallar, para dejar correr mi sangre, para que así me desangre, y lo que salga de mi llene todo, dándome el placer de ver a la gente alrededor horrorizada, desahuciada, desalentada, asustada.
Con aquella imagen de mi muriendo, viendo a otros sufrir, llenos de angustia y dudas, con esa imagen me alegro y relamo mis labios, es algo tan suculento, tan bello que no puedo evitar soltar una risa que llama la atención de la gente, que me mira como si estuviera loca, como si fuera peligrosa y tal vez no se equivocan, es probable, muy probable, sea esa la verdad y en realidad no me importa, me encanta vivir así.
Si llego a la casa de esa persona, estaré de pie, tomare la cámara de mi celular y tomare algunas fotos de la repulsiva sonrisa tan sincera que nunca fue capaz de mostrarme, puedo decir ella es feliz mientras carga a su bebé en el aire y su ahora nuevo esposo le sostiene el hombro, debajo de un poste veo la escena, como queriendo borrar una cinta vieja, mis ojos están vacios, llenos de una dulce infelicidad o ¿Debería decir asquerosa felicidad? Me siento vacía y llena de agonía, una sensación tan encantadora que dejo domine mi ser.
— Miku… —su mirada se ve perturbada apenas nota que estoy allí, pero no me muevo, solo la miro fijamente, ella le da su bebé al hombre que tiene a lado y sale rápidamente de la casa.
— Hola… —le digo, mi aliento puede verse claramente por el frío, mientras le sonrío como tengo costumbre con mis compañeros, esa sonrisa que me ha dado la fama de locura y perturbación, esa hermosamente asquerosa sonrisa le muestro a mi madre.
— ¿¡Qué haces aquí!? —dice furiosa, mientras su mano como en los viejos tiempos azota contra mi cara ¡Que placentero dolor!
— Yo también me alegro de verte… —digo nuevamente con una sonrisa en el rostro— madre…
— ¿¡No te dije que no quería saber nada de ti!? —su cara está totalmente roja de la irá— solo mírate… ¡Me repugnas! —el frío tocando mi piel, mi rostro golpeado, me hace sentir bien, casi un consuelo o más bien un anhelo antiguo, ahora en realidad solo la miro fijamente, bajo mi mirada con la misma sonrisa mientras acomodo mi bufanda, pienso en que ella nunca ha cambiado su actitud conmigo y eso sinceramente me alegra, una relación normal entre madre e hija, a estas alturas, con ella, conmigo… esa simple idea me causa asco.
— Lo sé madre —vuelvo a sonreír— ¡Muchas gracias por el halago! Yo también pienso que soy repulsiva —empiezo a reír fuertemente, mientras ella se muestra perturbada y vuelve a golpearme, su mirada de odio fue suficiente para mi, para poder entender una vez más porque soy quien soy.
Le vuelvo a sonreír y sostengo su mano suavemente, la estrujo con mis dedos como recordando cuando era muy pequeña y ella me sonreía, la toco mientras ella jalonea como queriendo alejarse de mí, como si fuera yo una plaga, yo entonces giro mi mano haciendo girar la suya en un descontrol rompiendo su muñeca, el crujir de sus huesos me causa placer, y vuelvo a reír descontroladamente.
— ¡Ahhhhh! —ella empieza a gritar del dolor, por la ventana veo a su esposo reaccionar, rápidamente se le ve caminar quedando fuera de mi vista, eso me da a entender que pronto vendrá al auxilio de mi madre, la cual en un intento desesperado lanza un golpe, pero esta vez no le dejo acertar, lo esquivo para darla uno en la cara rompiéndole la nariz y con una sonrisa me despido.
— ¡Gracias madre! —su nariz está sangrando sin control, mientras ella desesperadamente se la tapa con las manos— un regreso al amor que tanto me has dado —con esas palabras salgo corriendo, dejándola atrás arrodillándose del dolor.
La mañana es fría, amo quien soy, amo sentir este asco y repulsión de mi misma, es tan suculento el sabor, amo el frío de mi vida, amo a mis inhumanos padres, amo este dolor y agonía de mi corazón, amo ser una chica podrida.
Con esa idea camino de regreso a casa, con mis manos en los bolsillos del abrigo, mi madre jadeante atrás, gritando que no regrese nunca, una expresión que me llena de alegría “De tal palo, tal astilla” pienso para mi, ya que yo su odiada hija, anhela ser como ella, mi grotesca madre.
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