Yo antes no solía pelear con mamá, las cosas no siempre fueron así, aún recuerdo su sonrisa, sus mejillas se sonrojaban y sus ojos brillaban como dulces luces celestiales, yo era una niña demasiado inocente, creo que era feliz cuando mamá sonreía.
Cuando yo me enfermaba o me lastimaba, ella estaba ahí, mi papá trabajaba constantemente y a veces no regresaba a casa pero no importaba, mamá estaba ahí, cantaba una canción, a veces la tarareaba suavemente mientras dormía, yo no decía nada pero la escuchaba, mamá era hermosa, o en ese entonces lo era.
— ¡Idiota! —un espejo se rompe, la mano de ella azotaba contra su reflejo furiosa cuando entre a su habitación— ¡No te he dicho que no entres! Y menos cuando yo estoy aquí —recuerdo que quería dejarle una carta de regalo, pero no dije nada.
— Lo siento… —en esa época tendría unos diez u once años, en esa época la relación de mis padres estaba deteriorada y yo ya estaba acostumbrada a verla enojada siempre.
— ¡Sal de aquí! —gritó nuevamente mientras su mano sangraba— no me interesa verte —mis ojos se cruzaron con los de ella, tome la carta y la restregué en la sangre del piso— ¡Deja eso! ¡Vete!
— ¿Sabes? —dije con seriedad mientras me acercaba a la puerta para salir— tu cabello esta tan repugnante como siempre —fue todo lo que dije, para ver que su cara se tornaba cada vez más furiosa.
— ¡Que te vayas! —agarro un perfume de su tocador y lo aventó en mi cabeza— ¡Tu cara me asquea! Te pareces demasiado a tu padre —mi sangre empezó a fluir por los pedazos de vidrio que se habían incrustado en mi piel, así apreté más fuerte la carta cubierta en su sangre y sonreí.
— ¡Gracias mamá! —dije y su mirada se mostró aterrada, fue en esa época cuando empecé a pudrirme.
Si alguien se hubiera dado cuenta, antes de que toda la sangre y vida de aquella niña se hubiera extinguido y encerrado en una pequeña caja negra donde sería apuñalada una y otra vez, si alguien me hubiera ofrecido su calor, tal vez mi putrefacción no hubiera existido, tal vez sería capaz de sonreír y mirar el día, pero da igual, en realidad no lamento mi pasado, lo grotesca que soy es una exquisitez en mi pequeño mundo.
— Hatsune-san… —no sabía exactamente qué hora era, pero al abrir los ojos mi cansada mirada se encontró con la suya, tan azul como la primera vez que la había visto, llena de vida y alegría.
— ¿Tú? —dije irritada, ver a alguien cuando apenas despierto no era agradable, tampoco la luz que entraba por la ventana— ¿Qué haces aquí? —él sonreía, con unas lagrimitas en sus ojos, no de tristeza, sino más bien de cansancio, como si no hubiera dormido en toda la noche.
— ¡Me alegro de qué estés mejor! —dijo, mientras tomaba una toalla que apenas percataba estaba en mi frente y la metía en agua fría.
— ¿Qué hora es? —en ese momento empecé a sospechar de la situación, esa era mi casa pero… ¿Qué hacía él ahí? Lo último que recordaba era cuando estaba en el techo de la escuela, la lluvia era maravillosamente fría, me hacía sentir aquella maravillosa soledad que es imposible de ignorar, llena de los más hermosos recuerdos que pudiera tener.
— Son las tres de la tarde —el exprimía aquella toalla para volverla a poner en mi frente— has estado dormida todo el día, realmente me preocupaste.
— En serio… — ¿Qué era este sentimiento? Era algo extraño y desconocido.
— Me lleve una sorpresa —él sonreía mientras hablaba— solo fui al techo de la escuela a despejarme y te vi tirada —se veía un poco nervioso, solo me levante un poco quitándome la toalla de la cara— realmente me asustaste.
— ¿Por qué? —pregunté.— ¿Por qué? —saboreaba la pregunta mientras se veía que pensaba las cosas— yo vivo solo Hatsune-san —guarde silencio al ver que no respondía mi pregunta— eso es porque mis padres sufrieron un accidente automovilístico hace algún tiempo —toca su cara, echando su pelo hacía atrás— en realidad por eso me da miedo.
— ¿Miedo? —era extraño, pero era la primera vez en mucho tiempo que una persona no me parecía repugnante.
— No quiero que la gente siga muriendo —recargaba su mano en la cama mientras me ve— aparte que tu eres mi única amiga aquí.
— ¿Amiga? — ¿Por qué? ¿Desde cuándo?
— ¿Acaso no es obvio? —dice con una sonrisa mientras me ayuda a apoyarme— Hatsune-san ¡Realmente me agradas! —su sonrisa me parecía por primera vez tan grata, mientras me abrazaba— por eso quiero que nos llevemos bien —yo solo guarde silencio.
¿Cuánto hacía que una persona se preocupaba por mí? Era tanto tiempo que había olvidado el calor humano, este repugnante calor que poco a poco pervertía mi interior, sensaciones desconocidas naciendo y marchitándose, sangrando y vomitando todo tipo de deseos, esto es lo que llaman… ¿Amor?—
Realmente… —musitó— ¿Podemos ser amigos?
— ¡Por supuesto! — ¿Está bien aferrarme a alguien? ¿Está bien? Lo pienso un momento— yo pienso que estás sola Hatsune-san —su mano acariciando mi cabello, no puedo reaccionar— yo no puedo dejarte sola.
— ¿Puedo realmente creer que siempre estarás a mi lado? —mis palabras fluyen y se retienen ¿Por qué tan amable? ¿Por qué tan brillante? ¿Por qué quiero aferrarme a él? — ¿No te arrepentirás después? — ¿Por qué quiero podrirlo? ¿Por qué quiero destruirlo?—
No te preocupes —su sonrisa realmente era tan tontamente amable— no pienso arrepentirme.
— ¿Aunque sea yo? —los pensamientos, las ideas y los deseos se combinaban y separaban, como las costras formándose mientras aún la sangre escurre y el dolor persiste.—
¡Realmente me agrada Hatsune-san! —cada vez me convencía más de esta sensación.
Tanto tiempo estuve sola, tanto tiempo fui evitada y lastimada, poco a poco fui alejándome de todos y volviéndome lo que soy, una chica cruel, asquerosa y podrida, volviéndome repudiada y pisoteada, disfrutando el placer de lo repugnante, el placer del dolor, del asco, de odiarte.
Me volví fría, me volví cruel, me volví orgullosa, y complaciente de mis propios deseos, todo es mejor si sufre, pensé, todo es mejor si me odian, musité, durante años, pero… ¿Por qué él es diferente? ¿Por qué no me odia? ¿Por qué me gusta? ¿Está esto realmente bien?
Pienso que está loco, más aún… pienso que es idiota, ya no me parece repugnante, me parece puro, su sonrisa me gusta, su voz, su calor, todo de él me gusta, pero él no me gusta, creo que me he enamorado de él, por ello… ¡No puedo aceptar que sea puro!
Si te pudres lentamente, si sufres, si solo eres mío, si piensas solo en mí, si solo me amas a mí, entonces creo que podría ser feliz, por ello, cuidaré de ti, te vigilaré, evitaré cualquier cosa que te aleje de mi, evitaré perderte, evitaré que pienses, mires o ames a otra.
No me importa si nunca me amas, no me importa si me repudias, o te asqueo, eso ya no importa, no hay marcha atrás, porque lo que siento ahora es una gangrena que solo desaparecerá, matándome.
¿Serás capaz de romper tu palabra? ¿Serás capaz de dejarme atrás? ¿Realmente sabes lo que acabas de decir? Entre todas mis cadenas y pecados, creo que el amarte será el más putrefacto de todos.
¿Tienes dolor? ¿Te duele estar solo? Por eso te apoyas en mi, por eso me buscas y no me dejas caer en mi retorcida mente hasta morir ¿Tu me quieres? Bueno, en realidad no me importa.
Quiéreme, ódiame, tenle lastima, o repúdiame, no me importa, nunca importará, si tratas de huir, te encontraré, si me lástimas, sonreiré, si me escupes, si me mateas, si me mutilas, siempre te veré con alegría, porque no quiero que nadie más me toque, acabe conmigo que no seas tú y cada vez que lo hagas, estarás más cerca de tu perdición, de podrirte como yo, sin nada.
No me malinterpretes, no pienses mal, realmente lo que siento es algo fuerte, realmente quiero verte, todo momento y en todo lugar, decir tu nombre y rogar porque esto sea cierto, pero… a pesar de todo, no puedo evitar que soy, una chica sin nada, ni nadie, que no soporta la cursilería de las chicas frías, que solo soy una chica podrida.
Tarareare canciones que te atemoricen en la noche, y marcaré en cada parte de este mundo que eres mío, lo que te guste lo tomaré para dártelo a ti, y lo que no te gusto lo ignoraré, consumiré tu interior y lo llenaré de pensamientos sobre mí.
Tenme miedo, tenme pavor, lo disfrutare, cada centímetro de tu sudor de pánico, cada mirada furtiva y cada grito de terror que me ofrezcas, hoy me llamas tu amiga, lo acepto, pero no te arrepientas del futuro, porque pase lo que pase ya no me separaré de ti.No te dejaré escapar, eres mío, mío, mío, mío, mío… ¡Solo mío!
No hay comentarios:
Publicar un comentario