*****
le tendió su mano a Miku, como invitándola a ir a algún lado. Hacía solo
minutos, Miku se sentía tan sola en aquella habitación llena de gente;
incluso con él como compañía en aquel bello y solitario jardín. Ahora
que ***** le tendía la mano, todos esos sentimientos se dispersaron. En
ella solo existía la verdadera sensación del amor. Era la primera vez
que tenía esos sentimientos, que la invadían como un terrible síndrome.
Miku
le dio su mano e inmediatamente ella y ***** salieron corriendo del
lugar. Miku sentía ahora su vestido tan largo que llegaba a sus pies,
así que se lo levantaba con la otra mano mientras corría. Sin querer,
dejó caer un zapato... más tarde el otro. Luego se detuvieron frente a
una puerta del castillo. ***** la abrió de golpe, entraron y luego la
cerró. Miku se había despeinado por completo, estaba descalza y su
vestido estaba sucio, mientras ***** seguía intacto. Miku observó la
habitación: vio dos mesas de noche con una lámpara cada una, un baño,
una alfombra y una enorme cama. Dudó: ¿porqué la habitación tan simple?
¿qué hacían ahí?
—Oye... *****...— Miku intentó pronunciar un nombre de chico al azar, pero ningún sonido salía de su boca.
—Dime.
—¿Qué es esto?
—Una habitación.
—Si, eso ya lo sé pero ¿qué hacemos aquí?
—Pues...—
*****
miró a Miku con sus ojos azules que habían perdido brillo. Miku se
asustó. Quiso retroceder hacia la puerta e intentar salir de ahí, pero
***** la acorraló y puso cerrojo. Miku sentía ganas de llorar; se tardó
en darse cuenta de las intenciones de ***** y ahora no tenía
escapatoria. Aquel chico la forzó a levantar la cara y la beso de un
modo vulgar. Entre la puerta y la habitación había un estrecho pasillo, y
Miku acorralada contra la puerta no tenía mucha opciones para huir.
***** la jaló del brazo y la tiró a la cama: en un segundo, estaba sobre
ella sujetando con fuerza sus brazos y en una pose que no le permitía
usar las piernas. Él siguió besándola. Bajó por su cuello y comenzó a
quitarle el vestido por la fuerza. Se aseguró de que estuviese atrapada y
comenzó a desvestirse él. Primero se quitó el saco, y cuando se quitó
la corbata... Miku... cedió... Simplemente dejó de luchar en ese
instante. Se dejó llevar. Por sí misma se terminó de desvestir. Se
entregó a ***** sin ninguna condición.
Cuando... terminaron... se quedaron dormidos. Estaban... exhaustos. Cuando Miku despertó,
estaba simplemente tapada con unas blancas sábanas, acostada del lado
derecho de la cama y se encontraba sin aliento. Se sentó a la orilla de
la cama, envolviéndose lo más que pudo en las sábanas. Después volteó al
otro lado de la cama y dejó su expresión intacta al descubrirla vacía.
Luego de eso, volteó al suelo y vio las ropas regadas por el suelo.
Entre las ropas de *****, que estaban más a su alcance, vio una especie
de nota que decía:
"Eres sólo mi chica de una noche".
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